China, estado crítico

Traducido por Alba Cantón,  resumen del próximo número especializado de Le Monde Diplomatique.

Una emergencia que inquieta a los vecinos de China y a occidente, es la creciente agitación interna del gigante asiático. Protestas cada vez menos sordas y un aumento del clamor cultural aunque limitado en las grandes ciudades en los últimos años. La “sociedad armoniosa“  ha entrado en una situación crítica nueva.

“Peligro amarillo, el retorno“. Así titulan muchos periódicos occidentales, por el silencio con el que trabaja China con las multinacionales estadounidenses y europeas. Es considerada como modelo -no político, pero sí económico. El slogan del peligro amarillo ya nació en el siglo XIX , pero es ahora cuando vuelve con fuerza. Lo vemos en las portadas de los medios de comunicación y de entretenimiento, libros etc… el miedo a China. En Asia, esto fue considerado durante mucho tiempo como una oportunidad más que como una amenaza. Durante la crisis financiera de 1997-1998, China emergió como un estabilizador de columna y un negocio de bienvenida, a diferencia del Fondo Monetario Internacional, que trata de imponer austeridad y desregulación.

Beijing aprovechó la oportunidad para establecer relaciones estrechas con la Asociación del Sudeste Asiático (ASEAN) y de resolver todos sus conflictos fronterizos terrestres (excepto con la India). Este es el apogeo del “ascenso pacífico“, teorizado por el poder mismo. Desde el 2008, el país ha ganado en confianza y se preocupa especialmente de sus vecinos para que aumenten el gasto. Estados Unidos aprovecha todo esto para marcar su regreso militar en Asia que tenía un poco descuidado en los últimos años. Tras las reformas que se lanzaron a finales de los años 70, más de quinientos millones de chinos salieron de la pobreza, según el Banco Mundial. Ciertamente, esto es un resultado obtenido por el precio de las condiciones de trabajo más acordes con la Francia del siglo XIXque con la instauración de un capitalismo triunfante; la vida se volvió extremadamente difícil, especialmente para los migrantes – obreros de los pueblos que llegaron a las zonas urbanas en busca de empleo. Pero ahora sí que reina la esperanza de un futuro mejor, inevitablemente esto ha dado un impulso dinámico para gran parte de la población. Con la recesión económica, las preocupaciones de la nueva clase media, las protestas, la identidad social como en el Tíbet o Xinjiang, han irrumpido en la escena pública. Así que algunos investigadores o políticos afilan sus plumas para alertar o para tratar de despejar dudas en la vida democrática. El debate  permanece en silencio, pero no puede ser soficado.

Como suele suceder en un país que experimentó un amortiguador, por así denominarlo, hay una eferverscencia cultural en estos momentos, proliferación de lugares de creación y auge de la producción. Para lo peor como para lo mejor. Debido a que el “mercado total“ a veces tiene consecuencias negativas como la censura oficial, que parece aún no estar lejos en la China actual. Como ejemplo , el destino del artista Ai Weiwei, que puede crear y exponer en el extranjero, pero no en su propio país donde está bajo arresto domiciliario. En principio, los artistas pueden producir lo que quieran. La llegada de las canciones de textos críticos contra el gobierno, cuyos aficionados son jóvenes élites, el desarrollo de festivales de música, películas o la pintura. Accesibles a gran población en las ciudades. La cultura china aún no está pensada para atraer y seducir a las multitudes de fuera. Tratando de construir un “poder blando“ igual a la original de los Estados Unidos. Beijing aún se basa en filósofos como Confucio para expandir su conocimiento y abrir centros internacionales culturales en su nombre.

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