Viajar, cambiar realidades

Alba Cantón

A veces, cuando viajamos para quedarnos un tiempo en otro lugar, el cuerpo queda pendiente entre dos mundos o realidades. Sucede más a menudo cuando el viaje es largo, cuando hemos pasado más de diez horas en un avión y el jet lag es casi inevitable.

En algunos países, cuando la comida, por condimentos, por forma de cocción, o incluso por la contaminación del agua o las sustancias; el cuerpo tarda aún más en atravesar esa línea que lo separa el antes del ahora. Nuestros dedos cuentan las horas que nos separan de casa mientras el estómago tiene hambre a deshoras y el cerebro nos manda dormir cuando menos lo esperas.

¿Qué es lo que hace que se cruce la línea por completo? Si volvemos a casa pronto, si ha sido un viaje de placer, no hay problema. Tan sólo con tratar de comer lo más parecido a nuestra rutina y cambiar de hora cuanto antes a la del nuevo país en el que nos encontremos. Hará de nuestra estancia una experiencia fácil y agradable. Pero si la estancia es indefinida, a menudo cuesta un tiempito adaptarse. Las nuevas formas, las texturas, los olores y sabores. Hasta que todo eso se convierte en cotidiano y lo normal queda atrás, como si fuera un sueño. Como algo lejano, e incluso ajeno. El ser humano puede adaptarse a cada una de las posibilidades que el medio le ponga por delante. De eso no cabe duda.

Siento mucha curiosidad por ese espacio de tiempo, en el que nuestro cuerpo queda atrapado entre dos realidades. Piensas y sientes como en casa, pero tus sentidos te muestran otro tipo de cosas. Muchas de ellas nuevas. Hasta la forma de relacionarse. El mundo es tan bello, tan amplio, tan diferente… que cada país nos hará aprender miles de cosas nuevas.

Europeos, cuiden de tomar agua embotellada allá donde vayan, y traten de evitar, al menos los primeros días, la comida de la calle. Nuestros estómagos, más limpios o quizás más delicados, pueden sufrir.

Mantentan una constante con su vida anterior. Así la vuelta será menos dura. Claro, a la vuelta, el retorno significará de nuevo un cuerpo entre dos mundos. Quizá más traumático, cuando tus hábitos han cambiado y el volver a ellos después de haberlos dejado atrás suele ser duro. Puede, incluso, que no seas la misma persona. Y la espinita de esos otros hogares que has ido dejando por el mundo se te quede clavada para siempre.


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