“Con el paso de los días, más que la grandiosidad, lo que impresiona
es ver a las personas, cómodas en sus ciudades y poblados,
decentemente vestidas, amables y juguetonas, en las tiendas, en las
calles, en los bares y en los mercados populares…”
Así escribía recientemente el ex presidente de Brasil Fernando H.
Cardoso cuando pudo, por fin, viajar fuera del circuito oficial y “ver
la China de la vida cotidiana, sin estadísticas ni informes oficiales”.
Una visión de China, un país que sigue siendo un perfecto desconocido
para la mayoría de los españoles. Esa imagen de un mundo nuevo y antiguo al mismo tiempo, de unas calles llenas de gente con buen humor, activa y serena, a pesar de las evidentes dificultades, es sin duda unos de los alicientes de una
estancia en China. Todo esto está entre lo mejor y más duradero que permanece en la mente del viajero que se decide por un programa de los que rara vez se encuentran en los escaparates abarrotados de ofertas.
China, más que una nación o un país se tendría que definir como un
continente, inabarcable por su inmensidad y contrastes. Cambios constantes. Lo que fue hace dos años, puede que hoy ya sea otra cosa.
Puede que el cambio arañe en realidad sólo la superficie, o vaya más
allá: una inmensa manzana de casitas bajas, llenas de personalidad,
transformadas en un barrio de anónimos rascacielos. Unas calles de
paredes grises desconchadas que, en unos meses, se transforman en un
lugar de ocio atrevido y rabiosamente moderno, con deliciosos hoteles boutique, tiendas de diseño y restaurantes de alta cocina.
Que nadie espere conseguir entender China en una estancia, ni con muchas
lecturas para preparar el viaje. Más que con otros países, China sorprende por ser siempre diferente a lo que uno había imaginado. Esto no quita que si nos enfrentamos al viaje con la mente abierta y deseos de entendimiento, disfrutaremos cada paso independientemente del circuito o itinerario elegido en un juego de confirmaciones y sorpresas que se harán, además de agradable
experiencia, inolvidables recuerdos.
El viajero español que por primera vez se acerca a China es atraído por ciudades como Pekín o Shanghai, el Xi’an de los guerreros, los paisajes mágicos de Yangshuo, Tibet o Hong Kong. Estos lugares se repiten en las propuestas de las mayoristas que organizan viajes a China. Es una elección correcta, según como se mire. Pero entre propuestas aparentemente parecidas, las diferencias pueden ser inmensas. Fijémonos en la capital. Pekín es un hervidero de novedades que hace palidecer a las más vanguardistas y atrevidas ciudades europeas. El abanico de posibles elecciones, simplemente en el alojamiento, da vértigo. Se abren y se inauguran hoteles boutique que merecerían por si solo el viaje. La noche de Pekín ofrece oportunidades infinitas. Las mentes creativas más originales se han dado cita en
esta metrópolis para exhibir propuestas de música, arte y cocina, que pasan de lo tradicional a lo moderno, a través de todo tipo de interpretaciones y fusiones. Además, Pekín sigue siendo una de las ciudades más seguras para el viajero occidental. Decidirnos por una ruta esencial no implica poner límites al descubrimiento del país, siempre que acertemos en la elección de quién organiza la estancia. Aunque claro, mucho mejor sería dar un paso más.
Dar un paso más ¿Sólo un paso? Basta con el simple listado de la
composición geográfico-administrativa de China para recordar, si no entender, las riquezas que podemos encontrar en las 23 provincias, 5 regiones autónomas, 4 municipalidades y 2 regiones administrativas especiales que componen el gigante asiático. Hay que elegir, Mongolia Interior, Xinjiang, Sichuan, Hunan…
Volamos a Xinjiang, desconocida hasta hace poco para muchos, lo es hoy un
poco menos, por las noticias sobre las protestas, que no reflejan su
aislada y, a menudo, desolada mágica belleza, sus tradiciones, sus ciudades fantasma, su naturaleza asombrosa, infinita y lejana. Quizás suene más si la colocamos como territorio de la Ruta de la seda, y quizás sonará mucho más en breve, ya que lo que ayer estaba casi cerrado, hoy se abre de par en par al turismo y ciudades en las que con dificultad se encontraba alojamiento, hoy ven
surgir hoteles de cinco estrellas cargados de lujos. Un paso adelante o un paso atrás, según la perspectiva que nos guíe, o las dos cosas al mismo tiempo, porque en China y en cualquier lugar, nada tiene valor absoluto.
Este resurgir de China a pasos agigantados se extiende a lo largo y ancho de todo el país, casi sin excepciones, de ahí la urgencia de ir a conocer algo que
pronto ya no será igual y de considerar la oportunidad de ponerse en manos expertas para plantear un viaje que no se acerque sólo a lo típico e “imprescindible” de según qué guías, para dedicar tiempo a otros lugares que no entran en esa categoría sólo por ignorancia y desconocimiento.
Para los amantes de la naturaleza China ofrece inmensas oportunidades
de gozo. Sin ir más lejos: Zhangjiajie, como también se nombra en
China el territorio de Wulingyuan, declarado Patrimonio de la
Humanidad por la Unesco, es un paraje natural de extraordinaria
variedad y belleza, más de 26.000 hectáreas, punteadas de 3.000 riscos
y peñascos que hacen de esta reserva natural, entre ríos, cascadas,
caminos, vistas y bosques, un lugar sin igual en el mundo y que
merece la pena visitar con calma, dedicándole por lo menos dos o hasta
tres días, permitiendo paseos agradables, largas caminatas o duros
ascensos y descensos por caminos señalados o de pura aventura.
Tibet, Yunnan, Guangxi, Guangdong son sin duda nombres más
conocidos, pero aparte del nombre de la provincia o del de Lhasa,
Lijiang, Dali, Guilin o Cantón, qué dicen nombres como ¿Feilaisi, Markham, Pomda, el lago Ranwu, Tangmi, el lago Draksum? Se trataría de un itinerario “épico por algunos de los lugares más impactantes y genuinos de China. Una aventura única y fascinante, difícil de igualar en cuanto a belleza y
espectacularidad”. China es muy fotogénica. Ya sean las personas o sean los paisajes. Rara vez, como en un viaje a China, agradeces tanto el descubrimiento de la fotografía digital, que te permite disparar miles de tomas cada día.
Proponer al viajero nuevos horizontes no es fácil. Es complicado trabajar para que cada euro gastado merezca doblemente la pena, aunque la suma final sea relativamente más elevada. China ofrece experiencias sin igual, porque la posibilidad de elección es infinita. Como escribía Giorgio Bettinelli: “Entre el blanco y el negro hay cientos de grises. Y si abres la mente y el corazón, en China sus cien matices te invaden, llenándote de todos los colores que están entre el blanco y el negro”.
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Recuadro:
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